
Todas las emociones forman parte de nuestras vidas y sin embargo a menudo pretendemos que solo cabe una en nuestras vidas, la alegría. Sin embargo ¿no está acaso nuestra vida repleta de muchas otras, sobretodo si somos padres?
La alegría por supuesto aumenta al tener hijos pero ¿no se multiplican también la frustración, el miedo, el asco e incluso la tristeza? Nos juzgamos, sobre todo si somos padres, por sentir emociones negativas. Y eso hace que nos sintamos peor, la culpa es una de las emociones más comunes en los padres.
Las emociones tienen una función, por ello es importante reconocerlas, sentirlas y entender lo que nos dicen. Y luego valorar si deberíamos actuar o dejarlas venir y luego irse.
La culpa puede que nos diga que tenemos que hacer algo de otra manera. Su función puede ser el pensar en nuestros valores y qué quieres hacer la próxima vez. Sin embargo, el hundirse en una crítica personal y generalizaciones no ayuda. La ira puede tener la función de moverte y denunciar algo injusto, pero si crees que te va llevar a una agresión física deberías alejarte de quien te irrita y esperar a que te calmes.
Seguiremos hablando de emociones pero tenedlo en cuenta también con los peques y empezad validando sus emociones. Tomaos todo el tiempo que haga falta en mostrar empatía y nombrar lo que sienten (por ejemplo decid “entiendo que estás enfadado/triste…” ) y esperad- aunque cueste- con la parte de encontrar una solución. Los niños, al igual que los adultos, necesitan en esos momentos más el apoyo emocional que una solución racional para sus problemas.